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Julio Cortázar: Rayuela, una novela lúdica

El miércoles 22.10.14., tuvo lugar la conferencia de la profesora de letras Mónica Macchi en Universidad de Berna a invitación de la Embajada de la Rep. Argentina. Sobre la conferencia, PuntoLatino publicará una nota las próximas semanas.

En la introducción a la conferencia, el Embajador de Argentina en Suiza, Antonio Trombetta, hizo un anuncio muy importante en el ámbito de la traducción literaria: existe un programa argentino de ayuda a la traducción al alemán, francés o italiano de obras argentinas. El Embajador mostró cinco tomos ya impresos que salieron gracias a este Programa. PuntoLatino pedirá al Embajador el favor de ampliarnos y detallarnos la información.

El Embajador Trombetta, en su introducción a la conferencia, tuvo palabras de recuerdo y homenaje no solamente para Julio Cortázar (Argentina), sino también para Octavio Paz (México) de quien también conmemoramos este año el centenario y a Gabriel García Márquez (Colombia), a quien perdimos irreparablemente este año. El Embajador argentino mencionó igualmente al centenario de Adolfo Bioy Casares, con justísima razón. Pensamos que no mencionar al amigo y contertulio de Jorge Luis Borges sería injusto, hablando de centenarios. 

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La conferencia de Mónica Macci, introducida por el Embajador de la Argentina, Antonio Trombetta

 

 

Julio Cortázar: Rayuela, una novela lúdica

por Mónica Macchi

 

Julio Cortázar nace en Bruselas el 26 de agosto de 1914. Solía decir que había nacido accidentalmente en Bélgica porque su padre se desempeñaba circunstancialmente como agregado comercial en la legación argentina en Bruselas.

Regresa a la Argentina a la edad de 4 años y pasa su infancia en un suburbio de la ciudad de Buenos Aires. Se forma como maestro y profesor de Letras y ejerce la docencia durante muchos años en pequeñas ciudades del interior de la Argentina.
Es un escritor tardío en publicar su obra a pesar de haber comenzado a escribir desde muy joven. Con más de 30 años publica sus dos primeros cuentos Casa Tomada y Bestiario en la revista literaria Anales de Buenos Aires por iniciativa de su director Jorge Luis Borges, ese otro gran escritor argentino. Recién en 1951, reunirá estos dos cuentos con otros de factura similar y los publicará bajo el nombre de Bestiario.
Ese mismo año, valiéndose de su título de Traductor de inglés y francés que había obtenido unos años antes, solicita y obtiene una beca en Francia donde trabajará algún tiempo como traductor en la UNESCO y se establecerá definitivamente en París donde muere el 12 de febrero de 1984.

Su fuerte vínculo con la Argentina y sobre todo con su lengua, nuestro español rioplatense en el que escribió toda su obra, convivió con un sentimiento de rechazo por la realidad política del país.

En 1951, se va a Francia en desacuerdo con la política del primer gobierno peronista. Es un intelectual introvertido el que se marcha, sin asumir ningún compromiso político personal que se plasme en lo que escribe.

Treinta años más tarde, en 1981, ya escritor consagrado, el presidente Mitterand le ofrece la nacionalidad francesa y Cortázar la acepta en repudio a la dictadura militar que gobernaba en ese momento la Argentina.

El intelectual introvertido había dejado paso, desde hacía ya muchos años, al militante político comprometido con ciertos procesos revolucionarios latinoamericanos y sobre todo, con los derechos humanos.

Rayuela se publica en 1963 y pertenece a esa primera etapa de su vida. En efecto, no hay ninguna mención, a lo largo de la novela, del contexto histórico social o político en el que se mueven los personajes.

Rayuela se inscribe dentro de las obras que formaron parte del « boom » de la literatura latinoamericana. Fenómeno literario que catapultó, en la década del 60 al 70, nuestra narrativa más allá de las fronteras de habla hispana.

Inicialmente, Cortázar había pensado en llamar a su novela Mandala en tanto sendero para realizar un viaje desde lo externo al ser esencial del individuo. Abandona esta idea y elige en cambio Rayuela, nombre que vuelve explícito el eje lúdico que recorre la novela.


Ese juego de niños donde se avanza a los saltos tirando una piedrita para llegar al cielo, recibe poco a poco la carga alegórica del mandala que invita a su protagonista, Horacio Oliveira, a llegar a un cielo que a él le resulta inalcanzable.

 

 

El tema de Rayuela es la búsqueda

La búsqueda de Horacio Oliveira de otra realidad, distinta de la cotidiana pero profundamente humana, que ha quedado enmascarada por muchos años de historia, mitos y religiones.

Y es también la búsqueda de Cortázar, escritor, de una posibilidad nueva de describir la búsqueda de su protagonista fuera del molde rígido de la novela tradicional.
Para explicitar esta búsqueda, Cortázar recurre al juego que interviene en Rayuela en tres niveles: a nivel estructural, a nivel de caracterización de los personajes y a nivel lingüístico.

A nivel estructural, la invitación al juego comienza desde la primera página cuando se le propone al lector dos maneras de abordar los 155 capítulos que conforman la novela.


La primera alternativa es una lectura lineal hasta el capítulo 56 que cuenta la búsqueda de Oliveira en París y en Buenos AIres. Esta manera de leerla le permite al lector dejar de lado los capítulos llamados «prescindibles» que son los que expresan la búsqueda de Cortázar de nuevas posibilidades novelísticas.


La segunda lectura ofrece la posibilidad de leer la totalidad de la novela siguiendo un Tablero de dirección, cada capítulo remite al que corresponde según el orden del Tablero, lo que implica saltar de un lado al otro del libro, como jugando a la rayuela.
Este recurso le permite a Cortázar intercalar su búsqueda en la historia, pero tiene como efecto fragmentar la de su protagonista.

Es un juego que complica la lectura. Al lector le es impuesta una nueva tarea que en la novela tradicional le estaba vedada. Debe convertirse en un cómplice del autor, debe estar atento y activo para unificar los fragmentos de vida de los personajes a fin de darles unidad y sentido.

Así leída, Rayuela expresa una teoría de la novela y la pone en práctica en la novela misma. De ahí su carácter vanguardista, experimental e innovador.

A nivel de caracterización de los personajes, Cortázar nos propone un juego de espejos en el que la imagen que nos devuelve el espejo es de signo inverso a lo reflejado.

Horacio Oliveira, ese intelectual argentino en continua crisis existencial, y la Maga, su amante uruguaya que recala en París con su pequeño hijo, Rocamadour, presentan en un juego de opuestos dos modos de percibir el mundo: el puro análisis frente a la pura intuición. 
La relación con la Maga le permite entrever a Oliveira esa otra cara de la realidad que persigue. Pero él pierde el amor de la Maga y su destino será seguir buscando.


A nivel linguístico, los personajes juegan con el lenguaje porque éste, en tanto herramienta que les fue dada para explicarlo todo les impide acceder a otras formas de realidad.


Hay transgresiones ortográficas, juegos de palabras y mezcla de idiomas. Pero el juego con el que se alcanza el momento más logrado en la tarea de romper con el lenguaje es el Glíglico, una lengua inventada que utilizan Oliveira y la Maga para sus momentos de intimidad.

Estos juegos expresan la paradoja de que al ser el lenguaje el único instrumento que tenemos para expresarnos, toda crítica nace y termina en el lenguaje mismo.

Vargas Llosa dijo que ningún escritor dio al juego la dignidad literaria que le dio Cortázar ni hizo del juego un instrumento de creación tan dúctil y provechoso.

Rayuela es una novela que volví a leer después de muchos años, como quien se reencuentra con un viejo amigo de la juventud, y comprobé que el mensaje que me transmitía era el mismo de la primera vez: hay que seguir buscando. Hay muchos tipos de búsqueda, pero hay que seguir buscando, en uno mismo, en el otro, en el mundo que nos rodea porque es la única y quizá la mejor manera de sentir que estamos vivos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La conferencia de Mónica Macchi encantó a los participantes. Habló con mucha claridad, con impecable orden y supo poner notas de emotividad en su exposición. Nos recordó que Cortázar de niño estuvo un tiempo en Suiza con su familia durante la Primera Guerra Mundial. Hablar de Cortázar sin aludir al «boom» es imposible, Mónica Macci como la mayor parte de los estudiosos de literatura hispanoamericana, subraya el valor estético de la obra del autor de los cronopios y no atribuye al «boom», elemento coyuntural, el mérito del éxito. Lo que sí coadyuvó al éxito editorial cortazariano y de muchos escritores del «boom», fue la estada en Francia del escritor rioplatense.

El aspecto lúdico de «Rayuela» que aparece ya desde el título, se da en tres niveles: estructural, la disposición en capítulos que se pueden leer de manera lineal o saltando como cuando se juega rayuela. Aparece también en la caracterización de los personajes y finalmente en el nivel de la lengua: transgrede la gramática para inventar palabras. Y en esto, apela al rol creativo del lector, éste recrea un mundo imaginario a partir de esas transgresiones. En una simpática y oportuna nota, Mónica Macci deja que sea el propio Cortázar, mediante un audio, que nos lea un par de párrafos de sus juegos de palabras. La conferenciante acota: yo no habría sabido hacerlo porque no puedo impedirme de matarme de risa cuando intento hacerlo.  

Finalmente la profesora Macci anotó las reflexiones del autor de «Rayuela» sobre la teoría de la novela, cuando en su obra, se ve una especie de reflejo de la novela en la novela. Finalizó la conferencia subrayando el humor como una constante de la escritura cortazariana, constante que es casi general en los autores del «boom».

De PuntoLatino estuvieron en la conferencia el coordinador Luis Vélez-Serrano y el coordinador de PL-Berna Alexandre Ramos.

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Mónica Macci en su conferencia frente a una portada de «Rayuela» de J. Cortázar

 


 

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