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Carlos Núñez © lflusin

 

| PALEO FESTIVAL 2016 NYON |

2016 Paléo Festival: Del hard rock a la gaita

Reseña del miércoles 20.07., segundo día del Festival, por Julie Bauer, redactora de ©PuntoLatino

Paléo había decidido, por fin, dedicar un día al hard rock. Una muy buena idea que se repetirá sin duda en el futuro, visto el éxito y el ambiente. Añadiendo una parte celta a la programación, la mezcla no podía ser más perfecta y generar un resultado digno de una poción mágica preparada por un druida.

La tarde empezó con una fiesta total gracias a Happy Ol’Mcwasel, un grupo esloveno de folk y punk irlandés que se dedicó en meter fuego al Village du Monde, lanzando numerosas latas de cervezas a un público conquistado. Definitivamente una muy buena manera de empezar la noche olvidándose de todos los problemas del trabajo. Con los últimos acordes, el público se dirigió hacia la Grande Scène para el concierto de The Raven Age, el grupo de George Harris, hijo del bajo de Iron Maiden, Steve Harris. Un cambio de atmosfera radical, con este metal oscuro, y estas melodías poderosas, pero una prestación igual de buena, que atrajo a más de uno, atrasando la hora del aperitivo.

El gran dilema de los festivales es que, desgraciadamente, no se puede ver todo... Una pena porque mientras que los finlandeses de Steve’N’Seagulls, llenaban el recinto y regalaban la asistencia con sus versión de clásicos del hard rock en versión country and bluegrass, los Red Hot Chili Pipers, que no hay que confundir con los Peppers, también tenían un éxito impresionante versionando a la gaita todo un repertorio de rock, pop y hard rock. Desde “Fat Bottomed Girl” de Queen, hasta “Chasing Cars” de Snow Patrol, pasando por un estupendo “Thunderstuck” de AC/DC. Nada mejor, para calentar los motores antes de la cabecera de la noche, el grupo de heavy metal más famoso del mundo, Iron Maiden. Empezando con un video de introducción mostrando su célebre avión atrapado por vegetaciones en la selva amazónica y liberado por una misteriosa mano, se desveló luego poco a poco el escenario impresionante y su decoración de templo maya. El hecho de empezar ya a las ocho y media, por petición del grupo, ha sido quizás la única debilidad del show perfectamente orquestado. El fuego y la puesta en escenario de noche habrían sido aún más potentes. Pero, rápidamente, ante la maestría del grupo, este aspecto acabará siendo sólo un detalle.

 

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Iron Maiden ©Iron Maiden

 

Bruce Dickinson es el primero en aparecer en el escenario. El cantante, que habla perfectamente francés, disfrutó demostrarlo, interactuando a menudo con la Plaine de l’Asse llena de aficionados y de curiosos. Ni la primera ni la segunda categoría dejó su sitio de las dos horas que duró este concierto, cautivada por este heavy metal melódico, los efectos pirotécnicos y los disfraces del cantante. La formación inglesa se permitió el lujo no muy popular últimamente de tocar canciones de más de siete minutos de duración, sin que nadie se quede impaciente. El arte de los músicos y lo grandioso del espectáculo no dejaba lugar al aburrimiento. La apoteosis del concierto fue sin lugar a dudas la aparición de la mascota del grupo “Eddie the Head” en el fondo del escenario y luego como gigante sobre zancos durante “The Book of Souls”. El mítico “Fear of the dark”, dejó de conquistar a los últimos escépticos. El cantante aprovechó las llamadas a escena para hablar de los recientes atentados y desear al público “Vida, música y mucha cerveza”. Luego se quejó de las autoridades suizas que no le dejaban poner el sonido más fuerte, por leyes federales, lo que generó silbidos que se pudieron seguramente oír hasta Berna. Antes de gritar un último “¡Scream for me Paléo!”, encadenó un final comprendiendo “The Number of the Beast”, “Blood Brothers” y “Wasted Years”.

Apenas el tiempo de correr sobre la colina para asistir a la entrada al escenario de Carlos Nuñez, que el gallego empezó su concierto preguntándose: “qué se puede tocar después de Iron Maiden?”. Sin lugar a duda, encontró la receta mágica. En un par de minutos, la tienda estaba llenísima de gente dispuesta en hacer la fiesta. Consiguió incluso hacer bailar a todo el recinto con una danza de Bretaña, haciendo subir al escenario decena de personas. Como prometido durante nuestra entrevista, aprovechó la noche para contar un poco de historia y compartir su conocimiento de la cultura celta. Además de sus brillantes músicos, entre otros, su hermano Xurxo (percusionista) y Jon Pilatzke (violón), invitó al escenario cinco tocadores de gaitas, una tocadora de tambor, y se dedicó propuso un repertorio cobrando músicas celtas de Irlanda, Francia, España, e incluso toques brasileños.

La fiesta y el arte de los músicos cautivaron tanto al público que éste se olvidó dirigirse a la Grande Scène para escuchar a Louise Attaque, quedándose más bien reclamando más canciones. Seguramente, un gran momento de Paléo que quedará en la mente de los participantes.
De vuelta a la realidad, una vez las luces encendidas, era ya tiempo de unir unas voces más al coro de la 35’000 personas amontonadas frente a la Grande Scène, para cantar “Ton invitation”.

 

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Happyol McWeasel @lflusin

 

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Red Hot Chili Pipers, ©lflusin

 

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Ambiente y público el miércoles 20 de julio - © Pierre Descombes

 

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Luise Attaque - © Pierre Descombes

 


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