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La Universidad de Yale acusada de saquear tesoros del Machu Picchu pertenecientes el Perú


— denuncia Javier Gamero, jurista por la Universidad e Berna y residente en Suiza —

Javier Gamero nos ha hecho llegar un artículo en el que denuncia un saqueo que habría perpetrado la Universidad de Yale de algunos tesoros del Machu Picchu pertenecientes al Estado peruano. Javier Gamero, jurista diplomado por la Universidad de Berna y residente en Suiza, pide apoyo a su reclamo y ha enviado este artículo al Embajador del Perú en Suiza y a muchos otros diplomáticos, órganos de prensa, juristas, etc. Durante 80 años el Perú no habría reclamado su patrimonio y la Universidad de Yale habría tenido una actitud «descarada» como la califica Gamero Kinosita.

PuntoLatino publicará las opiniones y reacciones que susciten esta denuncia importante. 

Fraude y conspiración de la Universidad norteamericana de Yale
Lic.iur. Javier Gamero Kinosita, LL.M.

La ciudadela de Machu Picchu es un referente cultural imprescindible para el Perú y un espacio ecuménico único en el mundo, una obra verdaderamente prodigiosa, ubicada en la cima de una montaña de 2000 metros en el Cuzco y cuyos orígenes se remontan al siglo XV cuando el Inca Pachacutec ordenó su construcción, dotada de una gran capacidad de irradiación e imantación que ha cautivado sin distinción alguna a todos sus visitantes por su belleza excepcional y la atmósfera mágica y espiritual que posee, tornándola en una joya cultural universal y una de las mecas del turismo mundial. Testimonios elocuentes de su reconocimiento mundial son su denominación como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad en 1983 por la UNESCO y su designación como una de las Nuevas Maravillas del Mundo por la prestigiosa National Geographic Society en el 2007.

La ciudadela es parte esencial de nuestro patrimonio espiritual toda vez que es un bien cultural colectivo que hace alusión a la gloria de una nación, a una raza y a una cultura, es una inmensa dote que hemos heredado con mucho orgullo todas las peruanas y peruanos y tenemos la responsabilidad de respetar y preservar para poder transmitirla a nuestos hijos. Es sin duda un rico legado histórico a las generaciones venideras. Pero dada las dimensiones colosales de la ciudadela, su imágen irradiante y su esplendor en el mundo entero, la han convertido, con justa razón, en un verdadero microcosmos de la humanidad. Machu Picchu es patrimonio de todas las culturas humanas.

Sin embargo a pesar del orgullo nacional y la gran efervescencia espiritual que embarga a la población peruana a la luz de las celebraciones del centenario de su descubrimiento el próximo 7 de julio del 2011, un gran desasosiego sentimental la invade, toda vez que que la ciudadela fue despojada de todos sus tesoros arqueológicos, robándole con ello parte de su historia y mellando de una u otra manera, su integridad cultural.

Actualmente la riqueza arqueológica de Machu Picchu se encuentra en el Museo de la Universidad de Yale en Connecticut, EEUU, donde fue llevada en calidad de préstamo con autorización del Estado peruano a través de un decreto presidencial para fines de investigación científica, para no ser jamás devuelta una vez cumplidos los plazos establecidos aduciendo las autoridades de dicha casa de estudios una serie de pretextos y recurriendo a maniobras leguleyas o triquiñuelas administrativas. El decreto presidencial daba al Perú, como dueño absoluto de las piezas, el pleno derecho de solicitar su devolución.

Las ruinas de la ciudadela de Machu Picchu fueron descubiertas por el arqueólogo y profesor de historia Hiram Bingham de la Universidad de Yale el 7 de julio de 1911 quién curiosamente realizó las excavaciones contraviniendo la legislación nacional vigente de la época, toda vez que existía un Decreto Supremo de fecha 7 de abril de 1893 que prohibía las exploraciones y excavaciones de piezas arqueológicas en el Perú sin la autorización del gobierno a través de una licencia especial. Pués bien, el historiador Bingham jamás tramitó esta licencia no gozando del permiso legal correspondiente. Dicho descubrimiento dio la vuelta al mundo entero como el hallazgo de la “Ciudad Perdida o Extraviada de los Incas” y catapultó a Bingham tanto profesional como políticamente llegándo a ser Teniente Gobernador y Gobernador del Estado de Conecticut y Senador de los EEUU entre 1922 y 1933.

Asimismo estaba vigente el Decreto Supremo Nro. 2612 del 19 de agosto del 1911 que establecía claramante que el Estado peruano era propietario de todas las piezas arqueológicas que se encuentren en el territorio nacional y prohibía de igual forma su exportación. El 31 de octubre de 1912 el Estado peruano le extendió al investigador Bingham a través de un Decreto Supremo sin número un Permiso Especial de 18 meses para trasladar las riquezas arqueológicas de Machu Picchu a la Universidad de Yale en calidad de préstamo para su estudio en virtud de una solicitud presentada por las autoridades de la Universidad de Yale y avalada por la prestigiosa National Society Geographic, consistente en 46332 piezas entre objetos de cerámica (platos, jarras, vasos, tazones y orfebrería inca), objetos de piedra o líticos, objetos de metal y huesos humanos y de animales diversos (mamíferos, aves, culebras, lagartijas etc.) los cuales fueron extraídos de las tumbas excavadas. Las piezas nunca fueron cedidas en propiedad por parte de Estado peruano.

En 1916 el Estado peruano otorgó una ampliación de tiempo de 6 meses solicitada por la Universidad de Yale para efectos de profundizar las investigaciones. En 1917 y 1919 el Perú solicitó la devolución de las piezas sin obtención de respuesta. En 1920 la Universidad de Yale devuelve cajas de huesos y posteriormente se estableció que no eran restos de Machu Picchu como pretendieron sus autoridades hacer creer. Por un período de más de 80 años el Perú no reclamó su patrimonio nacional. En 1981 se suscribe un acuerdo bilateral prohibiendo la exportación de restos arqueológicos entre Perú y Estados Unidos pero sin carácter retroactivo. En el año 2006 se forma en el Perú una Comisión de Alto Nivel encargada de la Repatriación de los Objetos Arqueológicos de Machu Picchu sin obtenerse resultados positivos.

Hoy las autoridades universitarias estadounidenses se niegan a devolver las piezas arqueológicas aduciendo el recurso jurídico de la prescripción y amparándose en el derecho de poseerlas como muchos otros museos o colecciones privadas en Perú y en el mundo de objetos provenientes de la Cultura Inca. Dentro de los argumentos que arguyen son las disposiciones contempladas en el artículo 522 del Código Civil del Perú de 1852, vigente en el momento del descubrimiento que establecía que el dueño de las piezas era quién las encontraba, desconociendo completamente la existencia del Decreto Supremo del 7 de abril de 1893 y del Decreto Supremo 2612 del 19 de agosto de 1911 que desvirtúan sus alegatos. Asimismo se amparan en un Memorándum de Entendimiento elaborado exclusivamente por las autoridades estadounidenses de dicha universidad y suscrito por un Ministro de Estado peruano el año 2007, en donde se otorga a esa casa superior de estudios derechos usufructuarios de 99 años adicionales así como la libre facultad de las autoridades universitarias de devolver al Perú la piezas arqueológicas que ellos estimen por conveniente y sólo por un espacio de dos años para fines de asesoría e investigación conjunta. El documento tuvo que ser ratificado por el Congreso de la República del Perú, hecho que nunca ocurrió por ir contra los intereses del Perú, motivo por el cual el Estado peruano lo desconoce, por no ser un documento jurídicamente válido.

Cabe destacar que la Universidad de Yale ha realizado en todos estos años de prolongada posesión ilícita una serie de exhibiciones o exposiciones de las piezas arqueológicas peruanas en el interior del territorio estadounidense habiendo generado cuantiosos ingresos y haciéndose acreedor a donaciones considerables para efectos de investigación científica de la cultura incaica. El Dr. Eduardo Ferrero Costa, Procurador del Estado peruano para la recuperación de las piezas arqueológicas de Machu Picchu, sostiene que la Universidad de Yale debe resarcir al Estado peruano por los cuantiosos daños ocasionados. De igual manera la tenencia de dicha riqueza ha tenido una marcada rentabilidad académica, toda vez que ellas has sido objeto de estudios para la realización de maestrías y doctorados de profesionales de todo el mundo que han viajado exclusivamente a esa universidad para conocer los secretos de las vidas de los hombres y mujeres que habitaban la ciudadela incaica, conocer el trabajo metalúrgico de sus artesanos, la antropología de su territorio, la intrahistoria de los Incas así como también estudiar la morfología esquelética del tórax del individuo del Altiplano en la prehistoria andina.

Las tratativas gubernamentales y los esfuerzos diplomáticos has sido infructuosos. Todo ha sido sólo un monólogo de sordos estos últimos años. Desafortunadamente nunca ha existido buena voluntad de las autoridades universitarias de devolver dichas piezas arqueológicas. Esta negativa obstinada de devolución de nuestro patrimonio cultural por parte de la universidad constituye una flagrante apropiación ilícita de sus autoridades y un agravio lesivo a la dignidad y soberanía del Perú. Esta falacia prolongada, cínica y descarada de las autoridades de la Universidad de Yale ha tenido un impacto emocional demoledor en la población peruana, en especial la población cuzqueña y socava de una forma sustantiva el espíritu de nuestra nación.

Es por ello que deseo desde esta tribuna hispanoamericana en Suiza deplorar la postura descarada de las autoridades de la Universidad de Yale y adherirme incondicionalmente, en mi condición de peruano e inspirado en un profundo sentido de compromiso intelectual con la legitimidad histórica y la verdad moral de mi país, a la campaña internacional movilizadora por la reivindicación y recuperación de los tesoros arqueológicos de Machu Picchu que ha iniciado el Perú, lanzando a partir de este 5 de noviembre una ofensiva legal y mediática que implica una demanda penal del gobierno peruano contra las autoridades responsables de la Universidad de Yale en la Corte Distrital de New Haven, Conecticut, EEUU; así como un llamado a todo el mundo, a la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), a la Organización de los Estados Americanos (OEA), al Parlamento Andino, al Parlamento Amazónico y al Parlamento Indígena, ya que se trata también de la riqueza arqueológica de la Gran Nación Latinoamericana, así como a otros organismos internacionales (UNESCO, Parlamento Europeo, etc.) y a todos los rectores de las distintas universidades del mundo para que aboguen por el retorno de ese históricamente reconocido patrimonio mundial cultural.

Quiero terminar apelando desde la sosegada Suiza a la sensatez y los principios morales de las autoridades universitarias de Yale en EEUU y rogando a la vez, a las autoridades del Rectorado de mi alma mater, la Universidad de Berna, para que interpongan sus buenos oficios ante sus colegas de Yale, con un mensaje moral de persuasión para que actúen con la solidez ética e histórica que el caso amerita y procedan a la devolución inmediata de dichas piezas y terminar con ese acto de pillaje pertinaz y poner fin a ese prolongado tiempo amargo, sufrido por el pueblo peruano todos estos años, por la abyecta y deplorable amputación de su identidad. Un siglo es tiempo suficiente. Deseo concluir parafraseando aquella frase célebre que hemos aprendido todos en historia que dice: “Dar al César lo que es del César”.

Berna, noviembre de 2010.

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